Ya queda menos. A pesar de que esto está siendo la mudanza más larga de la Historia de la Humanidad, en un par de semanas por fin me dan las llaves de mi nuevo piso y llegan todas mis cosas de Barcelona. Y ganas no faltan. Porque hay que ver lo complicado que resulta cocinar cuando no estás en tu casa. Cuando no es tu cocina, ni son tus fuegos, ni tus cacharros, ni tienes a mano tu colección de especias.
Llevo tres semanas en una residencia temporal y aquí es donde se demuestra de qué pasta está uno hecho, porque la tentación de tirar de comida preparada (y aquí en Holanda hay mucha) es grande. Menos mal que esa tentación, que me viene más por deformación profesional que por pereza a cocinar, la he controlado lo suficiente como para sucumbir únicamente a un hummus bastante logrado que me está alegrando los desayunos, y a la salsa de tomate con mascarpone que he utilizado en esta receta. En cualquier caso, me he esforzado por darle al coco porque oye, no sólo se trata de ver qué hay en la nevera, sino también qué utensilios están a mano, además de no cocinar en exceso que lo de congelar no es posible con una mini nevera de esas de oficina.

Tengo que confesar una cosa: jamás pensé que podría apañarme con tan poco. En estos días de transición, mientras espero a que lleguen mis muebles, mis ollas, mis cuchillos (ay, mis cuchillos!), mis sartenes y todo el trasterío restante, me apaño con lo justo: entre otras cosas, dos ollas de diferente tamaño, una sartén enorme, una especie de mini-wok, un cuchillo tipo puntilla de ir por casa con el que pelo, corto y pico, y con un colador por el que se escapa cualquier grano más pequeño que uno de arroz. Muchos me diréis que es más de lo que tenéis en vuestras cocinas, pero es que soy un poco ansias con eso de la cacharrería culinaria. Y es que ya lo dijo Cervantes: la senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso. Y yo soy una viciosa de la cocina, qué le vamos a hacer.
Sea como sea, me las estoy apañando bastante bien, por eso os quiero enseñar lo que preparé hace un par de sábados para comer. Ante la insistente lluvia que me tenía encerrada en el apartamento y en un arranque de innovación culinaria a lo más puro Ferran Adrià, metí mano a la mini-nevera y saqué una zanahoria, un cuarto de cebolla, un trozo de calabacín, una salsa de tomate y mascarpone fresca y unas tiritas de bacon. Me puse manos a la cocina y salió esta maravilla que no puedo dejar de compartir con vosotros. Que aproveche!
Gracias por leer

Ensalada tibia de bulgur
Esta receta de ensalada tibia de bulgur es súper fácil de preparar, rápida y está riquísima. Un plato único que puedes adaptar totalmente a tus gustos.

Ensalada tibia de bulgur
Ingredientes
- 200 g de bulgur
- 80 g de "hoja verde" (rúcula canónigos, espinacas, lechuga...)
- 1/2 calabacín
- 1/2 cebolla
- 1 zanahoria
- 1 cucharada sopera de alcaparras
- 100 de bacon en tiras
- 200 g de salsa de tomate con mascarpone*
- Parmesano al gusto
- 2 cucharadas soperas de aceite de oliva
- Sal y pimienta
- *Yo usé una salsa ya preparada que sólo hay que calentar. Pero puedes hacer la salsa tú mismo con tomate natural y un poquito de cebolla. La cocinas unos 20 minutos y luego le añades un par de cucharadas de mascarpone.
Elaboración paso a paso
- Cocer el bulgur según las instrucciones del fabricante y enfriar.
- Picar las verduras en trozos pequeños, como si hiciésemos un pisto.
- En una sartén calentar el aceite y cocinar la cebolla hasta que quede transparente. Añadir la zanahoria y posteriormente el calabacín y cocinarlos hasta que queden al dente.
- Añadir la salsas de tomate y cocinar unos 5 minutos. Incorporar las alcaparras y salpimentar.
- En otra sartén, cocinar el bacon. Para ello añadirlo a la sartén bien caliente y sin aceite, ya que el bacon irá soltando la grasa.
- Para montar el plato, poner en el fondo un poco de rúcula, añadir el bulgur y hacer un hueco en el centro. Añadir la salsa de tomate y unas tiras de bacon. Decorar con unas lascas de queso y servir inmediatamente.
- A disfrutar.
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2 Comentarios
Me he reído mucho y me he acordado de mi época de Erasmus en Alemania donde cocinábamos con el mínimo común múltiplo del aparataje de cocina.
Un abrazo y suerte con lo que queda de mudanza!
🙂 Gracias Javier!